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La mosca y la polilla

La mosca y la polilla Cuento

Una noche cualquiera, una mosca se posó sobre un frasco rebosante de miel y comenzó a comerla alrededor del borde. Poco a poco, se alejó del borde y entró desprevenida en el frasco, hasta quedar atrapada en el fondo. Sus patas y alas se habían pegado con la miel y no podía moverse.

Justo en ese momento, una polilla pasó volando y, al ver la mosca forcejear para liberarse, dijo:

—¡Oh, mosca insensata! ¿Era tanto tu apetito que terminaste así? Si no fueras tan glotona estarías en mejores condiciones.

La pobre mosca no tenía cómo defenderse de las certeras palabras de la polilla y siguió luchando. Al cabo de unas horas, vio a la Polilla volando alrededor de una fogata, atraída por las llamas; la polilla volaba cada vez más cerca de estas, hasta que se quemó las alas y no pudo volver a volar.

—¿Qué? —dijo la mosca—. ¿Eres insensata también? Me criticaste por comer miel; sin embargo, toda tu sabiduría no te impidió jugar con fuego.

Moraleja: Piensa en tus propios errores antes de criticar a los demás.

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El patito feo

El Patito Feo Cuento. En la granja había un gran alboroto: los polluelos de Mamá Pata estaban rompiendo el cascarón.

Uno a uno, comenzaron a salir. Mamá Pata estaba tan emocionada con sus adorables patitos que no notó que uno de sus huevos, el más grande de todos, permanecía intacto.

A las pocas horas, el último huevo comenzó a romperse. Mamá Pata, todos los polluelos y los animales de la granja, se encontraban a la expectativa de conocer al pequeño que tardaba en nacer. De repente, del cascarón salió un patito muy alegre.

Cuando todos lo vieron se quedaron sorprendidos, este patito no era pequeño ni amarillo y tampoco estaba cubierto de suaves plumas. Este patito era grande, gris y en vez del esperado graznido, cada vez que hablaba sonaba como una corneta vieja.

Aunque nadie dijo nada, todos pensaron lo mismo: “Este patito es demasiado feo”.

Pasaron los días y todos los animales de la granja se burlaban de él. El patito feo se sintió muy triste y una noche escapó de la granja para buscar un nuevo hogar.

El patito feo recorrió la profundidad del bosque y cuando estaba a punto de darse por vencido, encontró el hogar de una humilde anciana que vivía con una gata y una gallina. El patito se quedó con ellos durante un tiempo, pero como no estaba contento, pronto se fue.

Al llegar el invierno, el pobre patito feo casi se congela. Afortunadamente, un campesino lo llevó a su casa a vivir con su esposa e hijos. Pero el patito estaba aterrado de los niños, quienes gritaban y brincaban todo el tiempo y nuevamente escapó, pasando el invierno en un estanque pantanoso.

Finalmente, llegó la primavera. El patito feo vio a una familia de cisnes nadando en el estanque y quiso acercárseles. Pero recordó cómo todos se burlaban de él y agachó la cabeza avergonzado. Cuando miró su reflejo en el agua se quedó asombrado.

Él no era un patito feo, sino un apuesto y joven cisne. Ahora sabía por qué se veía tan diferente a sus hermanos y hermanas. ¡Ellos eran patitos, pero él era un cisne! Feliz, nadó hacia su familia.

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El peor perro guardián del mundo

Esfuerzo e ingenio

Enseñanza: Las cosas buenas se consiguen con esfuerzo. Elegir hacer solo las cosas más fáciles suele terminar en problemas.

Ambientación: Una pequeña ciudad.

Personajes: Un perro y un ladrón
El peor perro guardián del mundo vigilaba un precioso palacete a las afueras de la ciudad. Se hizo famoso no porque no ladrara a los ladrones, que no lo hacía, sino porque, al ver a alguien con aspecto de delincuente, le abría la verja y le invitaba a pasar.

Así, con la ayuda de la oscuridad, casi todas las noches podía verse alguna sombra entrar al palacete y salir poco después cargada con sacos llenos de joyas y objetos de valor. El rumor de una casa llena de riquezas tan fácil de robar se extendió entre los ladrones de la zona, y estos incluso crearon un listado para reservar la fecha en que podría ir cada uno.<br><br/>

El encargado de hacer la lista y controlarla era Pocopaco, un joven ladrón con cara de tontorrón. No llevaba la lista por ser el jefe, claro, sino porque como después del robo cada ladrón desaparecía durante algún tiempo, solo podía llevarla el último en robar. Y ese puesto le había tocado a Pocopaco por ser el más tonto del grupo. Pero el pobre Pocopaco no le daba importancia y esperaba con ilusión el día en que le llegase el turno.

La noche en que por fin le tocaba robar a Pocopaco, este se acercó caminando al palacete, pero cuando se disponía a cruzar la puerta, por primera vez el peor perro guardián del mundo se puso a ladrar con fuerza.

– Está bien, está bien, Sansón. Esta noche me quedaré contigo y no saldré con ningún saco. Ya los hemos atrapado a todos.

Y es que Pocopaco no era ningún ladrón, y mucho menos tonto, sino el nuevo jefe de policía de la ciudad. Este, aprovechando que los ladrones se dedicaban a robar porque no querían esforzarse trabajando, les había tendido una trampa poniéndoles tan fácil robar aquella casa que no se habían podido resistir.

Y cuando cada noche entraba un nuevo ladrón, pensando que iba a ser el robo más fácil de su vida, era detenido al instante por un montón de policías. Y al rato era el mismo Pocopaco quien salía de la casa cargado con el saco, haciendo creer a todos que el robo había sido un éxito y se habían escapado con el botín.

Y así fue, pasando una temporada en la cárcel, como aquellos ladrones descubrieron que cuanto mejor es algo, normalmente cuesta más esfuerzo conseguirlo, y no al revés.

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Las interminables obras de Ratonville

Fidelidad, compromiso y constancia

Enseñanza: Todas las mejoras importantes suceden tras un periodo de crisis e incertidumbre. Abandonar entonces impide ver los avances y solo produce frustración.

Ambientación: Una pequeña ciudad de ratones.

Personajes: Varias parejas de ratones y sus casas
Ratonville estaba en problemas. 50 parejitas de ratones habían fundado la ciudad, y vivían en sus 50 preciosas casitas. Pero con el tiempo las casitas se habían ido quedando pequeñas. Acumulaban recuerdos de viajes, nacían pequeños ratoncitos o, simplemente, se volvían más gorditos. Y llegaba el momento de tomar una decisión: o hacían la casa más grande, o cada uno tendría que irse a una nueva casita y empezar de cero por separado.

Pero lo de hacer la casa más grande parecía imposible. En cuanto comenzaban las obras todo se llenaba de polvo y suciedad, no había sitio para nada, y la casa resultaba aún peor que la que tenían. Ninguna parejita de ratones era capaz de aguantar aquello por mucho tiempo, y por eso terminaban abandonando su casa en obras. Así fue como Ratonville empezó a parecer un pueblo fantasma lleno de casas vacías a medio arreglar…

Solo los locos de los Ratúnez seguían de obras. Ellos fueron de los primeros en comenzarlas y nunca las habían terminado. Es más, desde fuera, su casa parecía la peor, siempre rodeada de grúas, telas, escombros y suciedad. Tan horrible era, que sus vecinos les aconsejaban:

– Deberíais dejarlo ya y reconocer que esta casa no tiene arreglo. Con lo fácil que sería empezar cada uno en su nueva casita…

Y la verdad es que los Ratúnez estaban hartos de obras, y ni siquiera sabían si las acabarían algún día. Cuando no fallaba una cosa, fallaba la otra. Pero aquella era su casita, en la que habían vivido tantas cosas juntos, y no querían renunciar a ella tan fácilmente. Pronto la suya se convirtió en la única casa habitada entre tantas fantasmales casas abandonadas.

Aquella zona de la ciudad no tardó en ser olvidada, y con ella los Ratúnez. Hasta que, tiempo después, la pequeña de los Rattison alertó a todos, emocionada.

– ¿Habéis visto qué casa más increíble hay al otro lado de la colina? ¡Es lo más requetechupirratuno del mundo!

Se refería, por supuesto, a la casa de los Ratúnez, quienes por fin habían conseguido terminar las obras. Su casa era espectacular, más allá de los sueños de cualquier pareja de ratones, y los Ratúnez se veían los más felices de los habitantes de Ratonville. Llegaron a ser muy conocidos y queridos en la ciudad, pues su casa siempre tenía el sitio perfecto para cualquier fiesta o celebración.

Años más tarde, muchos comentaban la suerte de los Ratúnez por tener aquella casa. Y solo los que conocían la historia respondían:

– La verdad es que lo suyo no tuvo nada que ver con la suerte, sino con algo mucho más simple: tener confianza y paciencia para acabar lo que todos los demás dejamos a la mitad.

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A gritos con los mosquitos

Calma y autocontrol

Enseñanza: Los gritos estropean el ambiente familiar; con un poco de calma se pueden conseguir muchas más cosas.

Ambientación: Un hogar moderno.

Personajes: Un padre, una madre, su hija y unos mosquitos La casa de los señores Gri Tonzio era una casa de locos. La mamá, la señora Bocca Gri Tonzio, era incapaz de pedir algo sin alzar la voz. Pero sus gritos parecían susurros al lado de los de su hija, la pequeña Chilla Gri Tonzio: la gente decía que había hecho huir a todas las cucarachas y bichos del pueblo con un único chillido. No creo que estuvieran exagerando, porque la verdad es que nadie podía descansar hasta que la niña se dormía: todo lo pedía a gritos. Y luego estaba el papá, don Cayo Gri Tonzio, un magnífico inventor chiflado que no había inventado nada en años. Normal; con tanto ruido, no podía concentrarse.

Por eso tuvo que inventar los mosquizampa: unos increíbles mosquitos modificados genéticamente para comerse los gritos. Funcionaban tan bien, que nadie se enteró el día que los inventó: se tragaron todos sus gritos de alegría, y fue como si no hubiera pasado nada. Eso sí, los gritos están hechos de aire y alimentan poco, así que los mosquizampa no tardaron es escaparse en busca de comida. Pero no tuvieron que viajar mucho, porque en la planta de abajo encontraron a Bocca y Chilla, y solo con los gritos de la madre y la niña tenían para ponerse gordos como moscas.

Se pegaban por comerse sus gritos casi antes de que salieran de sus bocas, así que durante días nadie les oyó decir una sola palabra. La gente solo las veía rodeadas por una nube de mosquitos, y haciendo como que gritaban furiosas.

– Pobrecitas – pensaban- al final se han quedado sin voz.

– Pues es un descanso para todos. No hay quien aguante su forma de decir las cosas.

Pero sus gargantas estaban perfectas. La propia Chilla lo descubrió cuando comenzó a quedarse sin fuerzas después de varios días sin comer. Nadie sabía que tenía hambre, porque pedía la comida con gritos tan brutales que los mosquizampa que los probaban se morían del empacho.

– Tengo hambre – dijo muy bajito, ya casi sin fuerzas.

– Vaya, ¡qué voz tan bonita tienes! – dijo la vecina, mientras le hacía un bocadillo – nunca te había oído hablar.

Aliviada, Chilla descubrió que, cuando hablaba más bajo, las palabras salían perfectas de su boca, la gente admiraba su bella voz y todos la trataban de una forma mucho más amable. Y es que, hasta ese día, la gente solo le hacía caso de mala gana para que se callara. Cuando se lo contó a su mamá, esta también dejó de gritar, y ambas comprobaron felices que la vida podía ser más alegre y tranquila. Incluso el señor Cayo Gri Tonzio, gracias a aquella nueva calma, pudo comenzar una increíble colección de inventos que llegó a ser famosa en todo el mundo.

¿Y los mosquizampa? Bueno, cuando Chilla y Bocca dejaron sus gritos, adelgazaron hasta hacerse casi invisibles. A punto estuvieron de morir de hambre, pero pronto descubrieron que el mundo está lleno de gente gritona y nunca les faltará comida. Eso sí, espero que vosotros seáis listos y no sean vuestros gritos los que los alimenten…

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Eduardo y el dragón

🙆‍ Ingenio 🙆‍

Enseñanza: El ingenio es la mejor arma de todas y se debe emplear siempre antes de recurrir a la violencia

Ambientación: Una gran cueva en una montaña

Personajes: Un niño y un dragón

🙆‍ Eduardo era el caballero más joven del reino. Aún era un niño, pero era tan valiente e inteligente, que sin haber llegado a luchar con ninguno, había derrotado a todos sus enemigos. Un día, mientras caminaba por las montañas, encontró una pequeña cueva, y al adentrarse en ella descubrió que era gigantesca, y que en su interior había un impresionante castillo, tan grande, que pensó que la montaña era de mentira, y sólo se trataba de un escondite para el castillo.

Al acercarse, Eduardo oyó algunas voces. Sin dudarlo, saltó los muros del castillo y se acercó al lugar del que procedían las voces.

-¿hay alguien ahí?- preguntó.

– ¡Socorro! ¡ayúdanos! -respondieron desde dentro-llevamos años encerrados aquí sirviendo al dragón del castillo.
¿Dragón?, pensó Eduardo, justo antes de que una enorme llamarada estuviera a punto de quemarle vivo. Entonces, Eduardo dio media vuelta muy tranquilamente, y dirigiéndose al terrible dragón que tenía enfrente, dijo:

– Está bien, dragón. Te perdono por lo que acabas de hacer. Seguro que no sabías que era yo
El dragón se quedó muy sorprendido con aquellas palabras. No esperaba que nadie se le opusiera, y menos con tanto descaro.

– ¡Prepárate para luchar, enano!, ¡me da igual quien seas! — rugió el dragón.

– Espera un momento. Está claro que no sabes quién soy yo. ¡Soy el guardián de la Gran Espada de Cristal!.-siguió Eduardo, que antes de luchar era capaz de inventar cualquier cosa- Ya sabes que esta espada ha acabado con decenas de ogros y dragones, y que si la desenvaino volará directamente a tu cuello para darte muerte.
Al dragón no le sonaba tal espada, pero se asustó. No le gustaba nada aquello de que le pudieran cortar el cuello. Eduardo siguió hablando.

– De todos modos, quiero darte una oportunidad de luchar contra mí. Viajaremos al otro lado del mundo. Allí hay una montaña nevada, y sobre su cima, una gran torre. En lo alto de la torre, hay una jaula de oro donde un mago hizo esta espada, y allí la espada pierde todo su poder. Estaré allí, pero sólo esperaré durante 5 días

Y al decir eso, Eduardo levantó una nube de polvo y desapareció. El dragón pensó que había hecho magia, pero sólo se había escondido entre unos matorrales. Y el dragón, deseando luchar con aquel temible caballero, salío volando rápidamente hacia el otro lado del mundo, en un viaje que duraba más de un mes.

Cuando estuvo seguro de que el dragón estaba lejos, Eduardo salió de su escondite, entró al castillo y liberó a todos los allí encerrados. Algunos llevaban desaparecidos muchísimos años, y al regresar todos celebraron el gran ingenio de Eduardo.

¿Y el dragón? ¿Pues os podéis creer que en el otro lado del mundo era verdad que había una montaña nevada, con una gran torre en la cima, y en lo alto una jaula de oro? Pues sí, y el dragón se metió en la jaula y no pudo salir, y allí sigue, esperando que alguien ingenioso vaya a rescatarle…

🙆‍ Un minuto para pensar…

Eduardo es solo un niño, pero podría haber sido una niña o un anciano ¿te das cuenta de que la inteligencia es más importante que el tamaño o la fuerza? La inteligencia por sí misma no es suficiente ¿qué crees que habría pasado si Eduardo no fuera tan valiente y no se atreviera a acercarse al dragón?

🙆‍ Una buena conversación

Habla con tu hijo sobre la importancia de saber utilizar bien la inteligencia, poniendo ejemplos famosos de personas que la utilizaron para hacer el bien, y personas que la utilizaron para hacer el mal

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El pingüino y el canguro

🐧 Humildad, deportividad, e ingenio 🐧

Enseñanza: La vanidad y el orgullo de los que suelen ser superiores, y las lecciones de humildad que pueden recibir por ello

Ambientación: El país de los animales

Personajes: Un canguro, un pingüino y un zorro

🐧 Había una vez un canguro que era un auténtico campeón de las carreras, pero al que el éxito había vuelto vanidoso, burlón y antipático. La principal víctima de sus burlas era un pequeño pingüino, al que su andar lento y torpón impedía siquiera acabar las carreras.

Un día el zorro, el encargado de organizarlas, publicó en todas partes que su favorito para la siguiente carrera era el pobre pingüino. Todos pensaban que era una broma, pero aún así el vanidoso canguro se enfadó muchísimo, y sus burlas contra el pingüino se intensificaron.

Este no quería participar, pero era costumbre que todos lo hicieran, así que el día de la carrera se unió al grupo que siguió al zorro hasta el lugar de inicio. El zorro los guió montaña arriba durante un buen rato, siempre con las mofas sobre el pingüino, sobre que si bajaría rondando o resbalando sobre su barriga…

Pero cuando llegaron a la cima, todos callaron. La cima de la montaña era un cráter que había rellenado un gran lago. Entonces el zorro dio la señal de salida diciendo: «La carrera es cruzar hasta el otro lado». El pingüino, emocionado, corrió torpemente a la orilla, pero una vez en el agua, su velocidad era insuperable, y ganó con una gran diferencia, mientras el canguro apenas consiguió llegar a la otra orilla, lloroso, humillado y medio ahogado.

Y aunque parecía que el pingüino le esperaba para devolverle las burlas, este había aprendido de su sufrimiento, y en lugar de devolvérselas, se ofreció a enseñarle a nadar.
Aquel día todos se divirtieron de lo lindo jugando en el lago. Pero el que más lo hizo fue el zorro, que con su ingenio había conseguido bajarle los humos al vanidoso canguro.

🐧 Un minuto para pensar…

Todos tenemos alguna habilidad especial, aunque a veces cueste encontrarla ¿Qué es lo que se te da bien a ti? ¿Y cuál te parece la mejor forma de usar esa habilidad? Fíjate en el canguro, todas las habilidades que tiene solo las quiere para presumir ¿se te ocurre otra forma mejor en la que el canguro pudiera usar su talento?

🐧 Una buena conversación

El pingüino seguro que tenía ganas de revancha, pero supo ganar con elegancia, sin humillar al canguro, y eso les permitió acabar siendo amigos. Seguro que has vivido alguna historia parecida y puedes compartirla con tu hijo para mostrarle que actuar sin rencor, aunque cueste, siempre es más ventajoso.

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El gran lío del pulpo

🐙 Gratitud y valentía 🐙

Enseñanza: Dos ideas; que la gratitud es una de las bases de la amistad, y que se puede vencer la timidez mediante las obras

Ambientación: El mar

Personajes: Un pulpo, un pececillo y pez enorme

🐙 Había una vez un pulpo tímido y silencioso, que casi siempre andaba solitario porque aunque quería tener muchos amigos, era un poco vergonzoso. Un día, el pulpo estaba tratando de atrapar una ostra muy escurridiza, y cuando quiso darse cuenta, se había hecho un enorme lío con sus tentáculos, y no podía moverse.

Trató de librarse con todas sus fuerzas, pero fue imposible, así que tuvo que terminar pidiendo ayuda a los peces que pasaban, a pesar de la enorme vergüenza que le daba que le vieran hecho un nudo.
Muchos pasaron sin hacerle caso, excepto un pececillo muy gentil y simpático que se ofreció para ayudarle a deshacer todo aquel lío de tentáculos y ventosas.

El pulpo se sintió aliviadísimo cuando se pudo soltar, pero era tan tímido que no se atrevió a quedarse hablando con el pececillo para ser su amigo, así que simplemente le dió las gracias y se alejó de allí rápidamente; y luego se pasó toda la noche pensando que había perdido una estupenda oportunidad de haberse hecho amigo de aquel pececillo tan amable.
Un par de días después, estaba el pulpo descansando entre unas rocas, cuando notó que todos nadaban apresurados. Miró un poco más lejos y vio un enorme pez que había acudido a comer a aquella zona.

Y ya iba corriendo a esconderse, cuando vio que el horrible pez ¡estaba persiguiendo precisamente al pececillo que le había ayudado!.

El pececillo necesitaba ayuda urgente, pero el pez grande era tan peligroso que nadie se atrevía a acercarse. Entonces el pulpo, recordando lo que el pececillo había hecho por él, sintió que tenía que ayudarle como fuera, y sin pensarlo ni un momento, se lanzó como un rayo, se plantó delante del gigantesco pez, y antes de que éste pudiera salir de su asombro, soltó el chorro de tinta más grande de su vida, agarró al pececillo, y corrió a esconderse entre las rocas.

Todo pasó tan rápido, que el pez grande no tuvo tiempo de reaccionar, pero enseguida se recuperó. Y ya se disponía a buscar al pulpo y al pez para zampárselos, cuando notó un picor terrible en las agallas, primero, luego en las aletas, y finalmente en el resto del cuerpo: y resultó que era un pez artista que adoraba los colores, y la oscura tinta del pulpo ¡¡le dió una alergia terrible!!

Así que el pez gigante se largó de allí envuelto en picores, y en cuanto se fue, todos lo peces acudieron a felicitar al pulpo por ser tan valiente. Entonces el pececillo les contó que él había ayudado al pulpo unos días antes, pero que nunca había conocido a nadie tan agradecido que llegara a hacer algo tan peligroso.

Al oir esto, los demás peces del lugar descubrieron lo genial que era aquel pulpito tímido, y no había habitante de aquellas rocas que no quisiera ser amigo de un pulpo tan valiente y agradecido.

🐙 Un minuto para pensar…

¿Has pensado la cantidad de peces simpáticos que seguro hay en el mar, y a los que el pulpo nunca llegará a conocer si no consigue ser menos tímido? El pulpo se comunica con el pececito sin necesidad de hablar, le basta con mostrar su gratitud. Si te cuesta mucho hablar directamente, una alternativa es hablar con gestos amables y cordiales, como una sonrisa o un «gracias»

🐙 Una buena conversación

Si de pequeños alguno de los padres fuisteis tímidos, compartid la historia con vuestro hijo y contadle cómo lo superásteis y cómo ha ayudado eso a vuestra vida

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Los últimos dinosaurios

🦖 Adaptabilidad y flexibilidad 🦖

Enseñanza: Hay que aceptar que las cosas pueden cambiar y la mejor forma de afrontar los cambios es siendo flexible y sabiendo adaptarse

Ambientación: Una zona perdida en la selva de hoy en día

Personajes: Varios dinosaurios en un pueblo

🦖 En el cráter de un antiguo volcán, situado en lo alto del único monte de una región perdida en las selvas tropicales, habitaba el último grupo de grandes dinosaurios feroces.

Durante miles y miles de años, sobrevivieron a los cambios de la tierra y ahora, liderados por el gran Ferocitaurus, planeaban salir de su escondite para volver a dominarla.

Ferocitaurus era un temible tiranosaurus rex que había decidido que llevaban demasiado tiempo aislados, así que durante algunos años se unieron para trabajar y derribar las paredes del gran cráter. Y cuando lo consiguieron, todos prepararon cuidadosamente sus garras y sus dientes para volver a atermorizar al mundo.

Al abandonar su escondite de miles de años, todo les resultaba nuevo, muy disitinto a lo que se habían acostumbrado en el cráter, pero siguieron con paso firme durante días. Por fin, desde lo alto de unas montañas vieron un pequeño pueblo, con sus casas y sus habitantes, que parecían pequeños puntitos. Sin haber visto antes a ningún humano, se lanzaron feroces montaña abajo, dispuestos a arrasar con lo que se encontraran…
Pero según se acercaron al pueblecito, las casas se fueron haciendo más y más grandes, y más y más…. y cuando las alcanzaron, resultó que eran muchísimo más grandes que los propios dinosaurios, y un niño que pasaba por allí dijo: «¡papá, papá, he encontrado unos dinosaurios en miniatura! ¿puedo quedármelos?».

Así las cosas, el temible Ferocitaurus y sus amigos terminaron siendo las mascotas de los niños del pueblo, y al comprobar que millones de años de evolución en el cráter habían convertido a su especie en dinosaurios enanos, aprendieron que nada dura para siempre, y que siempre hay estar dispuesto a adaptarse. Y eso sí, todos demostraron ser unas excelentes y divertidas mascotas.

🦖 Un minuto para pensar…

¿Te has dado cuenta de que, aunque sea poco a poco, todas las cosas cambian? ¿Cómo crees que serán tu vida y el mundo cuando seas mayor? Muchos cambios no podemos controlarlos ni evitarlos, pero otros sí ¿qué cosas te gustaría cambiar a ti?

🦖 Una buena conversación

Cuéntale a tu hijo alguna experiencia a la que hayas tenido que adaptarte en el pasado (como tener hijos, por ejemplo) y explícale qué es lo que te resultó más difícil y cuáles fueron las cosas buenas que sacaste de aquel cambio

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El elefante fotógrafo

🐘 Esfuerzo y constancia 🐘

Enseñanza: En la forma de superar las adversidades puede estar el origen del éxito de nuestro esfuerzo

Ambientación: La sabana

Personajes: Un elefante

🐘 Había una vez un elefante que quería ser fotógrafo. Sus amigos se reían cada vez que le oían decir aquello:

– Qué tontería – decían unos- ¡no hay cámaras de fotos para elefantes!

– Qué pérdida de tiempo -decían los otros- si aquí no hay nada que fotografíar…

Pero el elefante seguía con su ilusión, y poco a poco fue reuniendo trastos y aparatos con los que fabricar una gran cámara de fotos. Tuvo que hacerlo prácticamente todo: desde un botón que se pulsara con la trompa, hasta un objetivo del tamaño del ojo de un elefante, y finalmente un montón de hierros para poder colgarse la cámara sobre la cabeza.

Así que una vez acabada, pudo hacer sus primeras fotos, pero su cámara para elefantes era tan grandota y extraña que paracecía una gran y ridícula máscara, y muchos se reían tanto al verle aparecer, que el elefante comenzó a pensar en abandonar su sueño.. Para más desgracia, parecían tener razón los que decían que no había nada que fotografiar en aquel lugar…

Pero no fue así. Resultó que la pinta del elefante con su cámara era tan divertida, que nadie podía dejar de reir al verle, y usando un montón de buen humor, el elefante consiguió divertidísimas e increíbles fotos de todos los animales, siempre alegres y contentos, ¡incluso del malhumorado rino!; de esta forma se convirtió en el fotógrafo oficial de la sabana, y de todas partes acudían los animales para sacarse una sonriente foto para el pasaporte al zoo.

🐘 Un minuto para pensar…
A pesar de lo que le dicen, el elefante decide intentar su sueño de ser fotógrafo ¿Te das cuenta de que muchas veces abandonamos una buena idea sin haberlo intentado? ¿Te ha pasado alguna vez?

🐘 Una buena conversación
Cuéntale a tu hijo algún sueño personal que tuvieras en tu infancia o juventud, y lo que tuviste que pasar para realizarlo. Si tienes un sueño que no realizaste por no haberlo intentado, igual ahora es un buen momento para tratar de intentarlo junto a tu hijo